Por ahora permaneceremos en silencio, silencio irracional. Seguimos bailando al ritmo de un violín lejano. Me miras con ojos taciturnos, nunca sonríes... no, tú nunca sonríes.
Eligiéndote a ti como mi compañero, prometo bailar toda la noche el mismo ritmo si es que no decides cambiarlo. Me honras con la propuesta, pero no sería la última mujer en el mundo en hacerte feliz. El suspenso me atormenta. Teníamos una cita, pero alguien te asesinó. ¡No es posible! -grité- pero fue tarde. Volví de fumar un cigarro, y cambié el canal, escuché algo de la albahaca y una canción desagradable. Salí de ese bar, antro asqueroso, sin embargo me agradaba. Un día, fuimos al teatro, pero no volvimos. Alguien nos mira, justo ahora, hablo con un viejo mientras tú desapareces. Presisamente, eras un poeta hasta que llegué. No es que me guste hablar mucho, pero te busco en la casa y ya no respondes. Viajamos en carruaje antiguo y luces bien, el sol entra por las ventanas y se filtra por las hendiduras del carro. Alguien te cubre con un paño negro, hago mi bolso y comienzas a hablar, por fin. Deliberadamente hablas de una cuidad extraña, luminosa y me besas la frente. Estamos en la cama y denudos nos abrazamos, luego estás lejos y me tiras un beso duro, como pan de tres días. Quiero dar vueltas hasta vomitarme encima, salpicarte y hacer que porfin te vayas con todos esos recuerdos asquerosos, sin embargo me agradan, más de lo que me gustaría. Alguien me habla de ti y yo hierbo de rabia, mi furia se descontrola, pero luego recuerdo ese beso sin sonido, sin amor y carente de toda sensación extravagante y circence, y mi furia se calma, mis manos se sueltan de a poco y ya puedo respirar.
Tu recuerdo es terrible, mi panorama se volvió gris desde mi silla.
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