enero 22, 2013

Y nosotros tan irracionales.

Por ahora permaneceremos en silencio, silencio irracional. Seguimos bailando al ritmo de un violín lejano. Me miras con ojos taciturnos, nunca sonríes... no, tú nunca sonríes.
Eligiéndote a ti como mi compañero, prometo bailar toda la noche el mismo ritmo si es que no decides cambiarlo. Me honras con la propuesta, pero no sería la última mujer en el mundo en hacerte feliz. El suspenso me atormenta. Teníamos una cita, pero alguien te asesinó. ¡No es posible! -grité- pero fue tarde. Volví de fumar un cigarro, y cambié el canal, escuché algo de la albahaca y una canción desagradable. Salí de ese bar, antro asqueroso, sin embargo me agradaba. Un día, fuimos al teatro, pero no volvimos. Alguien nos mira, justo ahora, hablo con un viejo mientras tú desapareces. Presisamente, eras un poeta hasta que llegué. No es que me guste hablar mucho, pero te busco en la casa y ya no respondes. Viajamos en carruaje antiguo y luces bien, el sol entra por las ventanas y se filtra por las hendiduras del carro. Alguien te cubre con un paño negro, hago mi bolso y comienzas a hablar, por fin. Deliberadamente hablas de una cuidad extraña, luminosa y me besas la frente. Estamos en la cama y denudos nos abrazamos, luego estás lejos y me tiras un beso duro, como pan de tres días. Quiero dar vueltas hasta vomitarme encima, salpicarte y hacer que porfin te vayas con todos esos recuerdos asquerosos, sin embargo me agradan, más de lo que me gustaría. Alguien me habla de ti y yo hierbo de rabia, mi furia se descontrola, pero luego recuerdo ese beso sin sonido, sin amor y carente de toda sensación extravagante y circence, y mi furia se calma, mis manos se sueltan de a poco y ya puedo respirar.

Tu recuerdo es terrible, mi panorama se volvió gris desde mi silla.

enero 11, 2013

Personalidad múltiple.

Una paranoia un poco neurótica y media histérica.
Asco de extrañarte, miedo de perderte. Silencio, alguien habla a lo lejos, mirando hacia afuera, fíjate en los edificios aledaños, camina sobre al aire, mira hacia atrás y no te devuelvas. ¡No! no te detengas, corre, te siguen... ¿Quién? qué más da, no preguntes, sólo corre.
Ventana de al frente: Ellos miran la televisión, se tragan tanta mierda, mira como comen... ¡Mírate! das verguenza.
Calma, tranquila, en tu mente... la brisa corre pero no refresca, te hundes y piensa, ¡Mírame! ¡Silencio! ya está, suficiente con esto. No eres de aquí y aún lo extrañas.
Sigue, siguen, seguimos, seguirá, y nadie los detendrá, ¡Nadie! sólo tu alma, 14 gramos y no sabes qué es, no sabes, ¡No lo sabes! qué verguenza, qué asco, Dios... momento: ¿Qué es eso? ¿Qué si no una creencia vaga producto de la histeria colectiva de la cual eres objeto vil y cruelmente degradado, despreciado y vagamente utilizado? Sí, verguenza, verguenza debería darte, mujer. Como si el título te denigrara, no lo sientes, no lo sabes, mírate y vomítate.
Difícil, sí, es difícil. Los gases te consumen, ¿Qué harás, qué haremos, qué harán? No los salves, ellos son su karma, cuna del malhechor, del neurótico, del creador, del indio, del Dios.
Revienta el miedo, sufres de silencio, te invaden los ruidos, tus oídos se transforman y sientes asco, asco de extrañarlo y miedo a perderlo. Guarda silencio, ¿Sí? entonces grito, exclamación del alma poderosa, sentida en lo más profundo del ser corazón. Mente y tiritas, te duele, caes, gritas y exclamas el dolor que sientes porque... ¡Calla! tú no sabes quiénes somos. Y, ¿Quiénes somos? Bravo. Estúpida, corre y grita, no mires atrás, sigue, basta. Suicidio colectivo, histeria masiva, almas vacías y te cansas... Bravo, eres parte de la peste bubónica que azota tu mente.